DE SEGOU A DJENE (255km)

Con pena nos despedimos de tan fugaces comodidades. Preguntamos la posibilidad de rodar hasta Djene por pistas que, durante la época de crecida del Níger, quedan anegadas. Con un SÍ como respuesta continuamos paralelos al río.
Afortunadamente para las gentes que habitan la región, la temporada de lluvia ha sido generosa, sobre todo después de diez años de sequía, especialmente los dos últimos. Una situación límite que les llevó a alimentarse con sorgo (cereal de baja calidad para el ganado), incluso el hambre les obligó a consumir las semillas que debían plantar para futuras cosechas. Ahora, todo a nuestro alrededor se tiñe de verde y nos sorprenden grandes plantaciones de arroz por estas latitudes.
Pero, no es oro todo lo que reluce y día a día podemos apreciar las secuelas de la reciente hambruna. Los críos que alborotan a nuestro alrededor muestran las consecuencias visibles de malnutrición y carencia de vitaminas, pues muchos de ellos tienen la barriga hinchada. – Aparte de una indudable mala gestión por parte de sus gobernantes, ¿ no tendremos también nosotros parte de culpa de esta situación? -.
La barrera del idioma nos lleva en Mugadou a otra situación embarazosa. Después de pedir permiso al jefe del poblado para colocar las tiendas, éste nos conduce a su casa. Allí nos agasaja con una exquisita cena (arroz, sopa, y garbanzos cocidos sin pelar). Desconocemos el protocolo y esperamos que sean nuestros anfitriones quienes den el pistoletazo de salida. Nuestros estómagos rugen mientras ellos no dejan de observar. Sabemos que no es el menú ordinario de la zona y tras saciar levemente nuestro apetito, son los hombres los que toman el relevo en el banquete. A éstos les suceden los niños y finalmente las mujeres dan cuenta de lo que los demás hemos dejado. Como postre: agua y vinagre para una buena digestión.
Paulatinamente, a medida que pedaleamos hacia el Norte, el camino se torna más arenoso. La vegetación por su parte parece menos frondosa, lo que facilita la visión de coloridas aves que nos acompañan durante el camino.
En el pueblo de Kalala, nos vemos de nuevo sorprendidos por la hospitalidad de sus gentes. A pesar de no tener nada, enseguida nos ofrecen un lugar y el agua necesaria para asearnos a golpe de balde.
La ciudad de Djene nos recibe con aires de fiesta. Nuestra llegada coincide con la festividad que pone fin al Ramadán. Para la ocasión los lugareños lucen sus mejores galas. La espectacular mezquita (dicen el edificio de barro más grande del mundo) nos vigilará mientras paseamos por las estrechas callejuelas de esta legendaria ciudad.

mapa del recorrido

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MALI Y BURKINA FASO

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