Batzuetan galdetzen gara zergatik milaka pertsona bere herritik eta bere familiatik alde egiten duen eta zergatik bere bizitza arriskuan jartzen du nahiz eta etorkizuna zalantzagarria izan. 2006ko udazkenean emigrazioa gehien duen gune batera bizikletaz ezagutzea erabaki genuen. Han ginenean, egiaztatu genuen nola gizarte bat bizirik atera daitekeen iraupen ekonomia baten bidez, non euria botako duten lainoak balin badaude orduan lurrari zer edo zer atera daiteke, baina gauzak gaizki joaten badira orduan biztanleak goseak egon edo hil egiten dira.
BAMAKO (MALI)

Empleamos únicamente el tiempo necesario mientras nos tramitan los visados para visitar la capital del país. La relativa tranquilidad con la que nos recibe (fin de semana), desaparece drásticamente al llegar la semana laborable. La ciudad se convierte en un hervidero de gente. La mala calidad del combustible circulando por unos motores obsoletos crea una atmósfera irrespirable para nuestras “finas” narices. Por lo que en cuanto las trabas burocráticas se solucionan, preparamos las alforjas en un pis-pas y abandonamos esta caótica ciudad.
DE BAMAKO A SEGOU (270Km)

Elegimos una ruta alternativa a la vía principal y acompañamos al Níger las primeras jornadas. Este gran río africano, a pesar de nacer no muy lejos del mar (en las montañas de Guinea), se dirige caprichosamente hacia el interior del continente rumbo al desierto, pero al llegar a éste, parece pensárselo mejor y empieza a girar poco a poco describiendo la llamada “curva del Níger” y tras atravesar el país homónimo, muere finalmente en el Océano Atlántico, en las costas de Nigeria.
A los pocos kilómetros de pedalear desaparece por completo el bullicioso tráfico y por una carretera asfaltada rodamos hasta Koulicoro. Desde esta localidad y sólo cuando el caudal del río lo permite, zarpan grandes barcos hacia Segou, Mopti o Tombuctú. Nosotros nos conformaremos con una travesía más modesta y un destartalado transbordador, nos depositará en la orilla opuesta.
Tan sólo nos hemos alejado unos kilómetros de la capital y comenzamos a vislumbrar lo que nos deparará este país. De momento, la primera noche en ruta nos tocará dormir en tienda de campaña.
El asfalto también desaparece y pedaleamos ahora, por una cómoda pista de tierra roja. Ésta da paso a un entrelazado de senderos por el que sería fácil perderse si no fuera por la referencia del Níger.
El calor aprieta de lo lindo y los botellines empiezan a vaciarse rápidamente. Cuando la situación empieza a resultar preocupante, nuestro ángel de la guarda aparece en forma de imprevisto puesto de sandias. Un camión cargado de éstas ha quedado encallado. Tras infructuosos intentos de sacarlo a empujón, aprovechamos la paradita para dar cuenta de una pieza que sobrepasa los cinco kilos. –A falta de agua... watermelon. Con el piloto de la reserva encendido y con más de 100km. en las piernas arribamos al poblado de Basiyalaudougou, donde para nuestra sorpresa, no hay lugar donde avituallarse. Para colmo de males, el filtro purificador de agua dice basta al quinto litro de bombeo. A partir de este momento no nos quedará otro remedio que “refrescarnos” con agua del tiempo con sabor a yodo.
Otra polvorienta jornada nos conduce hasta Segou donde nos permitimos el lujo de pegarnos una ducha, descansar sobre un colchón y lo que es más importante, degustar la primera cerveza del viaje y encima fría.
DE SEGOU A DJENE (255km)

Con pena nos despedimos de tan fugaces comodidades. Preguntamos la posibilidad de rodar hasta Djene por pistas que, durante la época de crecida del Níger, quedan anegadas. Con un SÍ como respuesta continuamos paralelos al río.
Afortunadamente para las gentes que habitan la región, la temporada de lluvia ha sido generosa, sobre todo después de diez años de sequía, especialmente los dos últimos. Una situación límite que les llevó a alimentarse con sorgo (cereal de baja calidad para el ganado), incluso el hambre les obligó a consumir las semillas que debían plantar para futuras cosechas. Ahora, todo a nuestro alrededor se tiñe de verde y nos sorprenden grandes plantaciones de arroz por estas latitudes.
Pero, no es oro todo lo que reluce y día a día podemos apreciar las secuelas de la reciente hambruna. Los críos que alborotan a nuestro alrededor muestran las consecuencias visibles de malnutrición y carencia de vitaminas, pues muchos de ellos tienen la barriga hinchada. – Aparte de una indudable mala gestión por parte de sus gobernantes, ¿ no tendremos también nosotros parte de culpa de esta situación? -.
La barrera del idioma nos lleva en Mugadou a otra situación embarazosa. Después de pedir permiso al jefe del poblado para colocar las tiendas, éste nos conduce a su casa. Allí nos agasaja con una exquisita cena (arroz, sopa, y garbanzos cocidos sin pelar). Desconocemos el protocolo y esperamos que sean nuestros anfitriones quienes den el pistoletazo de salida. Nuestros estómagos rugen mientras ellos no dejan de observar. Sabemos que no es el menú ordinario de la zona y tras saciar levemente nuestro apetito, son los hombres los que toman el relevo en el banquete. A éstos les suceden los niños y finalmente las mujeres dan cuenta de lo que los demás hemos dejado. Como postre: agua y vinagre para una buena digestión.
Paulatinamente, a medida que pedaleamos hacia el Norte, el camino se torna más arenoso. La vegetación por su parte parece menos frondosa, lo que facilita la visión de coloridas aves que nos acompañan durante el camino.
En el pueblo de Kalala, nos vemos de nuevo sorprendidos por la hospitalidad de sus gentes. A pesar de no tener nada, enseguida nos ofrecen un lugar y el agua necesaria para asearnos a golpe de balde.
La ciudad de Djene nos recibe con aires de fiesta. Nuestra llegada coincide con la festividad que pone fin al Ramadán. Para la ocasión los lugareños lucen sus mejores galas. La espectacular mezquita (dicen el edificio de barro más grande del mundo) nos vigilará mientras paseamos por las estrechas callejuelas de esta legendaria ciudad.
DE DJENE A MOPTI (125Km)

Una semana de pedaleo unida al sofocante calor ha hecho mella en nuestros cuerpos. Hasta Djene se acerca un brazo del Níger, por lo que barajamos la posibilidad de navegar en pinaza hasta la ciudad de Mopti. Pero negociar el barco se convierte en una tarea más agotadora que pedalear, por lo que nos ponemos la ropa de faena y de nuevo, a la bicicleta.
Pedaleamos ahora por la vía principal que viene desde Bamako. Nos sorprende gratamente el inexistente tráfico. Pero esta falta de tránsito va unida a una total ausencia de infraestructura. Aparece un nuevo problema, las bombas de agua en las que hasta ahora nos abastecíamos, se encuentran candadas. - ¿qué podemos hacer ahora, cuando Jokin tiene calculado que nuestras “mecánicas” consumen un litro a los diez kilómetros? -. Una vez más con la lengua entre los radios llegamos a Somadougou. Éste nos recibe con un buen lugar donde levantar el campamento, pero lo que es más importante, con un pozo sin arresto donde saciar la sed y refrescar nuestras recalentadas monturas. - Para celebrarlo... bocata de sardinas -.
Nos felicitamos de haber elegido días atrás la ruta junto al Níger, pues ésta que ahora nos conduce hasta Mopti carece de cualquier interés.





TREKKING DE BANDIAGARA

Durante la breve estancia en Bamako, habíamos sido abordados por un joven que nos presentó sus credenciales como guía en el País Dogón. Con el paso de los días Mamadú se convertiría en nuestro guía, pero también en un amigo con el que visitar estos pueblos enclavados en la espectacular falla de Bandiágara. - ¡Además habla castellano! -
Después de haber pedaleado por una orografía totalmente plana, nos agrada ahora caminar por terreno abrupto. Por senderos que de lejos parecen inaccesibles, ascendemos y descendemos el farallón rocoso. La caminata diaria es relativamente corta y disponemos de múltiples ocasiones para descansar. Estos días disfrutamos también de una dieta algo más variada e incluso a las noches, las elevadas temperaturas parecen tomarse una tregua y descansamos al fin en las terrazas de las casas bajo miles de estrellas. Cuatro jornadas caminando por este extraordinario lugar nos conducirán hasta el pueblo de Kani-Kombolé.


DE BANDIAGARA A OUAHIGOUYA (170km)

Nos despedimos de Mamadú y con energías renovadas cogemos de nuevo la bicicleta. Como pudimos comprobar desde lo alto de la falla, el terreno que nos resta hasta Burkina Faso es totalmente llano.
Dejamos atrás el polvoriento pueblo de Koro y sin apenas enterarnos cruzamos la frontera. - Papeles en regla ¡Bienvenidos a Burkina! -. Y otro centenar de kilómetros nos llevan hasta Ouahigouya. Después de un par de jornadas polvorientas y abrasadoras, la primera ciudad del país nos ofrece unas comodidades de las cuales no hemos podido disfrutar en Mali. – De momento una Brukina bien fresca -.






DE OUAHIGOUYA A BOROMO (290Km)

Burkina Faso no cuenta con grandes atractivos turísticos, ni ofrece parajes espectaculares. Todo nuestro cometido ahora, consiste en pedalear de forma despreocupada, disfrutar de un camino lleno de vida y contagiarnos de la alegría de la gente.
Por suerte, encontramos con más frecuencia lugares donde calmar la sed y el apetito. Ya no resulta misión imposible tomar algo fresco, ni tan utópico hallar un chiringuito con comida, aunque en ocasiones, ésta venga acompañada con alguna que otra piedra (el que escribe perdió parte de un molar).
Vamos alternando carreteras asfaltadas con pistas arcillosas mucho más amenas y divertidas. Y al cabo de tres jornadas arribamos a Boromo, donde nos espera el acontecimiento deportivo más importante del país, que por una vez, no es el fútbol. Nuestra llegada coincide con el final de etapa de la carrera ciclista de mayor trascendencia en Africa, el Tour de Faso. La caravana de carrera, a pesar de ser modesta, cuenta con personal suficiente para agotar los pocos recursos hoteleros de la zona, por lo que acabamos durmiendo en las instalaciones que el pueblo tiene para los recolectores de algodón.
DE BOROMO A GAUA (230Km)

Llega el esperado noviembre, pero éste no viene acompañado del intenso frío que pronostican los lugareños. Es cierto, que al caer el sol, la temperatura nos obliga a sustituir los tirantes por la manga corta, pero durante el día el calor sigue siendo insoportable.
Seguimos con la rutina diaria. Nos despertamos con el sonido rítmico de las mujeres moliendo mijo. Para las seis tenemos recogido el campamento. Buscamos el omnipresente puesto donde tomarnos el consabido desayuno, nescafé con leche condensada en el que untamos pan (legado de los Franceses) con mantequilla. Sin demora y aprovechando la “fresca” nos echamos a la carretera. Paradita, refresco con galletas y otra vez a la bicicleta hasta la hora de comer. Las horas centrales del día, las pasamos bajo un árbol haciendo la digestión. Y cuando el astro rey ya no abrasa sino quema, completamos los últimos kilómetros. Con suerte, hotel y ducha y si no, tienda de campaña y bocata sardinas.
Pero esta rutina viene salpicada de pequeñas anécdotas: cualquier avería o pinchazo sirve para verte rodeado de decenas de críos; un camaleón se toma la libertad de trepar radio a radio hasta ponerse a los mandos de la bicicleta; o en Diebougou, donde acabamos en comisaría por sacar una fotografía.
Las noches en tienda también tienen su compensación. En un poblado cercano a la frontera con Ghana levantamos el campamento. Rápidamente se agolpan a nuestro alrededor decenas de niños y no tan niños a los que cualquier cosa que haga un tubabu les parece todo un acontecimiento. Desaparece la poca intimidad que teníamos y nos las apañamos para cambiarnos de ropa y asearnos en el cercano pozo. Entre los que nos observan destaca un chico discapacitado. Ha llegado pedaleando con las manos, mientras su diminuto cuerpo se encaja entre los tubos de su bicicleta. Enseguida se convierte en el líder de nuestros admiradores y es él, el que toma las riendas de la conversación. Todo el mundo escucha en silencio mientras sacia su curiosidad sobre nuestra procedencia.
La noche termina tirados en las esterillas, mientras a nuestros oídos llegan los sonidos del balafón (instrumento parecido al xilófono, con láminas de madera y calabazas de distintos tamaños). Todo esto unido a una luna llena, que por estos rincones de Africa brilla con más intensidad, hace que se respire una atmósfera mágica.



DE GAUA A BANFORA (230km)

En la ciudad de Gaua nos tomamos un par de días de descanso. Aprovechamos la ocasión para lavar ropa, revisar las bicis y para perdernos por los alrededores. Si por algo es conocida esta región meridional de Burkina, es porque en ella domina la etnia lobi. Entre otras curiosidades de su cultura, destaca la manera en que construyen sus casas, dado que éstas constituyen verdaderas fortalezas. Cada sukula (casa) congrega a una gran familia, una unidad autónoma de producción en el que la autoridad indiscutible es el cabeza de familia.
Una pista de tierra roja con ligeros sube y bajas nos conduce hacia Banfora. Aurora se resiente de las tripas. Parece que el cambio a una dieta más variada no le ha sentado bien y aprovecha la densa vegetación para perderse a la espera de que el fortasec empiece a hacer efecto.
En Ouo, la persona a la que preguntamos por un lugar donde acampar, resulta ser el médico. Nos ofrece el recinto de la maternidad para dormir y un lugar donde lavarnos. Charlamos con él y nos explica la difícil tarea de desempeñar su profesión en Africa. Nos restan pocos días de viaje, por lo que revisamos nuestros botiquines y dejamos en el lugar medicinas que a buen seguro necesitarán.
Por esta zona, empiezan a llamarnos la atención los diferentes rasgos de la gente, respecto a la que hemos visto hasta ahora. Las mujeres destacan por su altura y delgadez, además de por la infinidad de adornos que lucen en sus peinados.
En Africa, ir a por agua parece tarea exclusiva de las mujeres. En los alrededores de Tiéfara, un grupo de jóvenes espera su turno en el pozo. Solicitamos una palangana de las que portan en sus cabezas. Si cualquier cosa que haga un blanco les hace gracia, contemplar cómo cinco tubabus tratan de limpiar esa mezcla de sudor y polvo, supone todo un espectáculo. Con descaro señalan zonas de nuestro cuerpo que, según ellas, debemos de seguir frotando. Tratamos de hacerles entender que se trata del efecto que el sol produce en estos paliduchos cuerpos.
DE BANFORA A BOBO-DIOULASSO (265Km)

Vamos bien de tiempo respecto a lo que teníamos calculado y los alrededores de la ciudad de Banfora cuentan con los suficientes atractivos para permanecer un par de días en la zona.
Un complejo laberinto de caminos entre plantaciones de caña de azúcar nos complica la visita a los Domes de Fabedougou. Cada encrucijada nos obliga a detenernos y después de varias idas y venidas encontramos el lugar. El tiempo y la erosión se han encargado de esculpir estas curiosas formaciones rocosas. No muy lejos de éstas, se encuentra un salto de agua conocido como las cascadas de Karfiguéla, por lo que nos acercamos a visitarlas.
A escasos kilómetros al oeste de Banfora se encuentra el lago de Tengréla. El atractivo del lugar radica en la posibilidad de avistar hipopótamos. Con ese objetivo embarcamos en un pequeño cayuco y nos deslizamos entre nenúfares a golpe de pértiga. Al poco rato y respetando una distancia prudencial, observamos estas “pacíficas criaturas”, aunque sabemos que es el animal que más muertes provoca en Africa.
Camino a Sindou, pedaleamos a la sombra de grandes árboles, lo que hace más soportable la marcha. Somos escoltados también por termiteros que sobrepasan los dos metros de altura. El camino, a pesar de encontrarse seco, muestra los efectos de las pasadas lluvias y pueden observarse grandes socavones que dificultan el paso a los pocos vehículos que circulan.
Llegamos a las montañas de Sindou justo cuando el sol comienza a caer, lo que provoca un espectáculo de colores y sombras. Al amparo de estas gigantes agujas de arenisca colocamos las diminutas tiendas.
Dejamos atrás estos gendarmes de piedra y pedaleamos entre arrozales, campos de algodón, mijo y sorgo. A medida que avanzamos hacia Bobo aparecen también naranjos y otros frutales. Sin dudarlo, el camino desde que partimos de Banfora ha sido el más entretenido del viaje.
Salimos a la carretera asfaltada que viene de Mali y por ésta nos dirigimos hasta la segunda ciudad del país. En Bobo-Dioulasso y después de 2000 km. de pelaleo damos por concluido nuestro periplo en bicicleta.

Durante el viaje hemos disfrutado de lugares y momentos inolvidables, pero también de otros realmente duros debido al sofocante calor y la falta de avituallamiento. Elegimos estos países de forma voluntaria e intuyendo lo que nos podíamos encontrar. Además, contamos con los recursos suficientes, en los que si en un momento dado las cosas se torcieran demasiado, volaríamos rápidamente a nuestra vida de confort. Resulta un consuelo tremendamente cruel, a sabiendas, que la gente que hemos conocido a lo largo del camino, carece de esa alternativa y que las barreras para un posible cambio son cada vez mayores. A menudo nos escudamos pensando que desde casa y a título individual, poco o nada podemos hacer para solucionar el problema, pero lo que parece un grave error es obviar la realidad y mirar indiferente hacia otro lado.


Rubén Segura.
DATOS DE INTERES:


- Si se pretende viajar por la zona en bici, debemos prestar especial atención a las temperaturas. A partir de noviembre, ésta desciende ligeramente. En primavera las elevadas temperaturas (por encima de los 40ºC) imposibilitarán el pedaleo. Por otra parte, las esperadas lluvias estivales refrescan algo el ambiente, pero convierten las pistas en verdaderos lodazales. Atención también al Harmattan (tormenta de arena proveniente del desierto), que con una puntualidad inusual en Africa, barre el territorio todos los inviernos.
- Volamos con el visado de Burkina Faso ya tramitado e hicimos el de Mali en el mismo aeropuerto. Este último es provisional y se debe renovar en el plazo de cuatro días.
- A pesar de ser el francés idioma oficial en ambos países, tuvimos problemas para encontrar personas que lo hablaran. Por nuestra parte, tan solo Jokin hablaba el idioma galo. Unas pocas palabras en alguna de las lenguas locales siempre es de agradecer.
- No es difícil cambiar euros por la moneda local. Ambos países comparten, al igual que sus vecinos la misma moneda, el franco del áfrica occidental CFA. En otoño del 2006 se cambiaba 1 euro = 650 CFAs.
- Aunque se trate de dos países pobres, el precio de los alojamientos resulta desproporcionado. Pagábamos de 10.000 a 20.000 CFAs por habitaciones dobles, espartanas y descuidadas.
- Durante la ruta en bici, fueron mayoría los días que no hubo otra opción que la de colocar la tienda de campaña. Por lo que ésta se convertirá en instrumento imprescindible si se quiere viajar de forma autónoma.
- Aparte del alojamiento, el mayor inconveniente viajando en bici es la falta de infraestructura: agua embotellada, comida, etc, por lo que conviene ser previsor y acarrear filtro, yodo y comida entre otras cosas. Cruzar la frontera con Burkina supuso aliviar en parte este problema, dado que en este país hay mayor oferta de casi todo. Atención especial a la protección solar. Difícil o imposible de encontrar allí y el sol lo tenemos garantizado.
- Aparte de las consabidas precauciones sanitarias, conviene ser especialmente cautos con el tema de la malaria, pues se trata de una de las zonas de mayor riesgo (una sola picadura nos puede transmitir la enfermedad). Nosotros llevábamos pastillas, repelente y mosquitera.
- Conviene tener especial cuidado a la hora de tomar fotografías. Aunque la gente (exceptuando en el País Dogón) reacciona de forma cordial ante la cámara, no está de más ser respetuoso y pedir permiso antes de disparar.
- De los casi 2.000 kilómetros de bicicleta, 600 los realizamos por asfalto. El resto pedaleamos por pistas y senderos en un estado más que aceptable, por lo que toda avería se redujo a roturas de radios y los típicos pinchazos.
- Si no se tiene gran apego a la bicicleta, existe una O.N.G. burkinabe llamada E.C.L.A. donde podremos donarlas al finalizar el viaje. Ésta se dedica entre otras labores, a reciclar bicis viejas traídas de Europa. Las que están bien las venden para financiar sus proyectos y con el resto de cuadros y piezas, construyen sillas de ruedas para discapacitados.
- Para la visita al País Dogón, aunque no es obligatorio, es conveniente contar con la compañía de un guía local. De esta manera nos permitirán la entrada a las aldeas y conocer así su cultura ancestral. Nuestro guía era Mamadú, tfno: 00223-6105164 mailto:hmamadoutapaly@yahoo.fr
- Por último agradecer a Carmen y Fernando toda la información que nos facilitaron antes de emprender el viaje.
- Viaje realizado por Aurora Segurola, Eduardo Gómez, Javier Ortiz de Martioda, Jokin Esparza y Rubén Segura del 14 de Octubre al 19 de Noviembre del 2006.

mapa del recorrido

mapa del recorrido
MALI Y BURKINA FASO

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